15/04/2015 - La contemporaneidad de la “banalidad del mal” – Hannah Arendt

Resumen: El articulo aborda la expresión “banalidad del mal”, desarrollada por la filósofa HANNAH ARENDT, en su obra “Eichmann en Jerusalén”, en la cual la autora relató el juzgamiento del nazista Adolf Otto Eichamnn, responsable por la operacionalización de la “Solución Final” de los judíos, durante la 2ª Guerra Mundial. En principio, se hace un recordatorio histórico de la institucionalización estatal de la violencia, tanto como medio de producción de pruebas, como manera de imponer su ideología (política) e intereses económicos. A seguir, el concepto de “banalidad del mal” fue trasladado al escenario actual de Brasil, donde los presos y “presuntos” (generalmente negros pobres) son dejados al margen de la sociedad, siendo víctimas de la “selectividad brutal” adoptada por el estado. Y además se considera el hecho de que la población brasileña se está acostumbrando a la “violencia nuestra de cada día”, transmitida como un entretenimiento por la prensa. Por último, también se aborda la cuestión de la dificultad de países de América Latina, en las cuales fueron implantadas dictaduras militares, en adoptar medidas eficaces capaces de resguardar los derechos humanos de todos los ciudadanos.

 

Abstract: The article addresses the expression “banality of evil”, developed by the philosopher HANNAH ARENDT in her book “Eichmann in Jerusalem” in which the authoress narrated the trial of the nazi Adolf Otto Eichmann, responsible for the operation of the “Final Solution” for the Jews during the 2nd World War. From the beginning there is a general overview of the institutionalisation of state violence through both, the fabrication of evidence and as a device to impose ideology (political) and economic interests. Afterwards the concept of the “banality of evil” was transported to the present setting in Brazil, where prisoners and “suspects” (usually poor blacks) are placed at the margin of society, becoming victims of the “brutal selectivity” adopted by the state. The text goes on to portray the fact that the Brazilian population is becoming used to “our daily violence”, which is conveyed by the press as entertainment. Finally the issue is broached of problems that countries of Latin America with military dictatorships have in adopting efficient laws capable of protecting the human rights of all the citizens. 
Keywords: Hannah Arendt; Eichmann; banality; evil; dictatorship.

 


I – La Institucionalización del Mal

 

Desde los primordios, el mal viene siendo practicado y difundido. Y en el transcurso de los tiempos se fue radicalizando (KANT) y banalizándose (ARENDT). La historia es larga y cíclica, presentando, a veces, tanto matices como autores. El comportamiento maligno puede ser motivado por emociones o convicciones. Su origen puede ser innato o derivado de un “aprendizaje”. 

 

No importa la nacionalidad o el momento histórico: la maldad encuentra siempre a quien quiera simbolizarla. Policías, militares, reyes, delincuentes, aristócratas o simple psicópatas. Nero, Átila, Gilles De Rais, Vlad Tepes, Ivan (“el Terrible”), Isabel Bathony, Ranavalona I, Adolf Hitler, Josef Stalin, Mao Tse-Tung, Al Capone, Idi Amin Dada, Jorge Rafael Videla, Saddam Hussein, “Ted” Bundy y Gary Ridgway son sólo algunos personajes que mejor encarnan este papel.

 

Como bien resumió DANIEL RAFECAS, en su obra “La tortura y otras prácticas ilegales a detenidos” , el origen de la tortura nos remite al Imperio Romano, aunque ésta ya tuviera una fuerte influencia griega. En el período clásico, la tortura era considerada un instrumento de prueba, en la cual los esclavos eran sometidos, con el propósito de obtener confesiones para desvendar “crímenes de sangre”, robos o adulterios.

 

Posteriormente, la tortura privada de esclavos pasó a constar de las codificaciones públicas romanas. En efecto, su práctica se extendió, afectando a los humiliores, marginales, pobres, los cuales estaban en un escalón por encima de los esclavos, en la sociedad, pudiendo ser torturados en condición de acusados y de testigos. Hasta los honestiores, que etimológicamente significan “los más honestos, los más honrados”, acabaron siendo víctimas de tortura, tanto como acusados como testigos en casos de traición y de otros crímenes específicos.

 

A partir del siglo I, se diseminó con más fuerza la tortura, afectando a cualquier ciudadano romano, incluyendo a nobles y militares, sospechoso de delito contra el Emperador (de lesa majestad). Nótese que la definición es muy genérica y amplia, permitiendo adecuarla a otras especies de infracción, tales como la falsificación de moneda y la disidencia religiosa.

 

En el Imperio de Diocleciano, a principios del siglo IV, era permitido torturar a los cristianos, en sus respectivos interrogatorios. Ya Constancio amplió esta terrible costumbre a todos aquellos acusados de brujería, y que se creían videntes o dotados de don de adivinación y magia.

 

En Roma, al proceso de investigación en el procedimiento penal se le llamaba quaestio. La imposición de tortura (judicial) en aquel acto era nombrada quaestio per tormenta o tormentorum, asociándola, de esta forma, a la expresión tormento. Las modalidades de tortura eran bastante variadas, desde el potro  hasta el encarcelamiento, a través del cual los acusados eran asfixiados.

 

Durante la Edad Media, los poderes políticos y eclesiásticos solidificaron la tortura, con el fin de fortalecer la ideología romano-cristiana que dominó el siglo VI. Para la Iglesia, el hecho de que el acusado fuera condenado o absuelto dependía de su poder de resistencia, de su fuerza física. Las Personas con más resistencia podrían soportar mejor la tortura y de esta forma serían inocentadas. Por otro lado los “más débiles”, por no soportar la imposición del castigo, se declaraban culpables aun siendo inocentes. Entre los siglos XIII y XVIII, con la creación de la Inquisición, los tribunales en Europa torturaban deliberadamente a sospechosos, para la obtención de vestigios o evidencias, con amparo en las leyes vigentes. Exceptuando al sistema jurídico inglés (common law), la información obtenida mediante tortura fue implantada en procesos penales europeos, en la baja Edad Media y en los primeros tiempos modernos .

 

Alemania fue escenario de las mayores atrocidades relacionadas a la tortura, debido a su riguroso proceso inquisitivo. En Italia y España también hay constancia de grandes relatos de tortura. El instituto de confesión ha seguido el desarrollo de la tortura desde el Código Justiniano (Corpus Iuris Civilis) hasta las legislaciones de España, a partir de la segunda mitad del siglo XIII, notariadas en las disposiciones del Fuero Juzgo de 1241, así como en las Partidas, registradas durante el reinado de Alfonso X, “El Sabio” (1265) .

 

El Fuero Juzgo conservó las normas de tortura utilizadas durante la monarquía visigoda. Después, más exactamente en el siglo XIV, la Practica Inquisitionis, de BERNARDO GUI, y el Directorium Inquisitorium, de NICOLÁS EYMERIC, regulaban el tormento en los tribunales eclesiásticos.

 

El siglo siguiente, en 1486, los monjes dominicanos HEINRICH KRAMER y JACOBUS SPRENGER publicaron el libro Malleus Maleficarum (El martirio de las brujas). La  obra sirvió como manual a jueces y a sacerdotes, en la aplicación de la tortura, durante la investigación de la práctica de la brujería, en Europa. Naturalmente, el método de tortura constó en la orden jurídica europea, así como en el procedimiento criminal de la Iglesia, considerado como un “avance técnico” en búsqueda de la verdad, relacionado a rituales eclesiásticos, mágicos y supersticiosos.

 

Por medio de los Juicios de Dios (Ordalías), el investigado podría ser declarado culpable o inocente. Debido a la fusión entre Estado e Iglesia, tales procedimientos sirvieron más a los intereses políticos que a los “celestes” y se volvió una forma de establecer el poder de los gobernantes absolutistas, reduciendo, de esta forma, aún más las garantías de los ciudadanos.

 

En la Edad Media, la Iglesia intentó reforzar su unidad religiosa, de forma dominadora y represora. El Papa Gregório IX, uno de los precursores de la Inquisición, por intermedio de la bula Communicomus, sancionó leyes y persiguió herejes. El mandato fue publicado en 1233 y, durante un largo período de conflictos, en los siglos siguientes, aplicado como un mecanismo de persecución, tortura y de muerte de sus enemigos o de quienes ésta entendiese como tal, acusándolos de herejía. A cualquier cristiano que contrariase la ideología de la Iglesia podría ser juzgado en los tribunales de la Inquisición. 

 

La desdichada concepción romana también inspiró la bula Ad extirpanda, editada en 1522 por el Papa Inocencio IV, ratificando el empleo de la tortura en los tribunales de la Inquisición. Tal método fue consolidado en 1478 en los tribunales de la Inquisición española, por medio de la bula De Exigit sincerae devotionis afectus, en la cual el Papa Sixto IV concedió a los reyes católicos la facultad de nombrar eclesiásticos, para realizar averiguaciones, con el desiderátum de irrogar castigos a los herejes.

 

Los reyes disponían de los mismos poderes que los Jueces ordinarios de la región. En 1480, el rey Fernando II de Aragón concibió el tribunal, por intermedio del cual fueron quemadas 6 personas acusadas de brujería. Tres años después, el general Fray Tomás de Torquemada fue nombrado el primer inquisidor del reino de Castilla y Aragón. Hasta 1530, el tribunal determinó la muerte de aproximadamente dos mil personas. El empleo del tormento también estaba legalmente previsto en la Constitutio criminales Carolina germana y en la Ordennance Royale francesa.

 

Para muchos especialistas, la Inquisición logró su apogeo en España, en función de su doble legitimación de poder, tanto en relación a la Corona como en lo que se refiere a la Iglesia. En el mismo libro antes mencionado, RAFECAS transcribiendo trecho de RICARDO CAVALLERO , autor de “Justicia Inquisitorial. El sistema de justicia criminal de la inquisición española”, expendió  justificativas de la Iglesia para proceder a la práctica de tortura. Paradoxalmente, el acto de tortura no podría causar la muerte ni graves lesiones al prisionero, siendo realizado en presencia de un médico.

 

Las confesiones obtenidas con la intervención de la tortura deberían ser ratificadas inmediatamente. Las torturas podrían ser reiteradas cuantas veces fuesen necesarias, dado que la asunción en aquella situación denotaría un indicio.

 

La fundación de la Inquisición en Portugal no fue muy diferente de la de España. La bula Cum ad nihil magis, de 23/05/1536, nombraba a tres inquisidores generales, concediéndole al rey D. João III la posibilidad de nombrar un cuarto. Una novedad y un progreso: la bula Cum ad nihil magis excluía el secreto del proceso. A partir del momento en que la indagación se volvía judicial, el acusado pasaba a tener conocimiento de los testigos, permitiendo su más amplia defensa. Anteriormente, el proceso era secreto hasta para el investigado, el cual debía prácticamente adivinar la acusación que era indiciada.

 

Los tribunales de la Inquisición fueron deflagrados en el continente americano, a partir del año 1519, en Puerto Rico; en 1569 en Lima (Perú) y en México, y en 1610 en la ciudad de Cartagena, en Colombia. A pesar de esto, la actividad desarrollada fue pequeña, con menor alcance de lo que fue en Europa, afectando apenas a bautizos.

 

Grandes filósofos se posicionaron contra la postura del estado frente a las barbaridades cometidas. Renombradas obras de MONTESQUIEU, VOLTAIRE, JEAN-JACQUES ROUSSEAU, THOMAS PAINE y CESARE BECCARIA predicaban la defensa de la libertad, democracia e igualdad, criticando la práctica brutal de la tortura. BECCARIA, influenciado por otros especialistas, escribió su famosa obra “Del delito y de las penas”, referencia inicial de la Escuela Clásica, publicada en 1764, cuando se produjo el primer libelo contra la tortura, provocando una notable ruptura doctrinaria, ya que el Derecho Penal, desde las eras más remotas, había sido dominado por la barbarie, que incluía el suplicio del acusado y el abuso judicial como prácticas normales, aceptadas sin cuestionamiento. Su relato sobre las conductas deshumanas mantenidas en las salas de tortura alcanzó a toda la sociedad, permitiendo que relevantes principios se solidificasen: estado de inocencia, de la legalidad y de la dignidad de la persona humana, inherentes a los ideales constitucionales . PIETRO VERRI, iluminista del siglo XVIII, aterrorizado con la permanencia de esta práctica tan horrible en  Italia, justamente cuando Europa se dejaba llevar por los “vientos de la razón”, se posicionó categóricamente en su obra “Observaciones sobre la Tortura”. Afirmó el autor que por medio del dolor un ser humano sería capaz de confesar lo que no hizo para librarse del sufrimiento: “un ‘duro‘ verdaderamente culpable puede tener gran resistencia a la tortura mientras que un inocente más sensible confiesa lo que se le exija si se le somete al menor suplicio” .

 

La Revolución Rusa, que se consolidó tras la 1ª Guerra Mundial, acabó por desencadenar un movimiento de reacción “nacionalista” de algunos países, que predicaron contra la ideología nazi-fascista, fundamentada en la tortura y en el tratamiento deshumano a sus opositores. El modo como un nazista trataba al “otro”, ya fuese judío, gitano o negro, era prácticamente una anti relación. Tanto el programa nazi-fascista (Adolf Hitler / Benito Mussolini) como la dictadura de Josef Stalin fueron responsables por el exterminio de millones de presos políticos y de guerra.

 


II – El Brasil de la actual “Banalidad del Mal”

 

Este tema no tiene cualquier objetivo ni propósito de analizar los criterios del juzgamiento de Adolf Otto Eichmann, alto funcionario del gobierno nazista. Realmente, el análisis atiene a la expresión “banalidad del mal”, desmenuzada por HANNAH ARENDT, en su libro “Eichmann en Jerusalén”, donde según la interpretación de muchos (sobretodo judíos) la autora de cierta forma minimizó su responsabilidad por la práctica de las graves barbaridades, provocadas por el régimen de Hitler. Eichmann justificó que su conducta no podría ser punida por el estado, porque fue consumada en su nombre. Eichmann perpetraba “normalmente” su “trabajo”. Tal vez por eso, haya permanecido tranquilo en cuanto a su propia culpa y no haya tenido sentimientos negativos sobre si, o si no se hubiera arrepentido de los actos atroces practicados. Su “obediencia al mal” era vista por él como algo “humano” y “natural”.

 

Las circunstancias en las cuales la obra fue concebida se llevó al cine, bajo la óptica de MARGARETHE VON TROTTA (2013). Para ARENDT, el crimen nazista podría ser definido como un “asesinato administrativo”, teniendo en cuenta el papel de la “burocracia” en la ejecución de los actos. A juicio de la filósofa, el totalitarismo tiene la capacidad de eliminar la espontaneidad (creatividad) de las personas, extirpando su juicio reflexivo. Sobre este sentido, conviene transcribir un trecho de una de sus narrativas, exploradas en aquella película:  

“... Se encontraba delante de una compacta masa burocrática de hombres perfectamente normales, faltos de capacidad de discernimiento de someter los acontecimientos a juicio...”.

 

Bajo la concepción de ARENDT, Eichmann sería una especie de “marioneta del mal estatal” , porque era un hombre totalmente “des subjetivado” por el propio dispositivo del estado, por la “empresa” a la cual servía que surgió de una sociedad especifica. Eichmann no era “extraordinario”, sino “ordinario”, tal cual como uno de nosotros, siempre acostumbrados a seguir la tendencia dominante. Tras analizar sus declaraciones, caracterizadas por clichés y frases hechas, ARENDT sustentó que Eichmann no era capaz de pensar por cuenta propia, siendo “objeto” del propio “vacio de pensamiento” . ARENDT provocó a todos al alegar que el mal está más próximo, siendo simple, al alcance de la mano (del cuerpo y del alma) del más “ordinario” de los hombres.

 

Aunque su obra es de la década de los 60, el término contemplado por la filósofa es contemporáneo, pudiendo, así, ser perfectamente transportado a la actual situación de Brasil.

 

Tras evidenciar más de 20 años de dictadura militar, cuando la represión fue violentamente institucionalizada, en 1988, la actual Constitución de la República fue promulgada, restableciendo el Estado Democrático de Derecho. Considerada una de las más avanzadas del continente latinoamericano, la Carta Magna brasileña albergó derechos y garantías individuales del ciudadano.

 

Sin embargo, el país aún guarda un sensible resquicio de aquel período, teniendo dificultad de desprenderse de su pasado totalitario. Mientras que en la época de la dictadura, el estado brasileño perseguía a sus opositores (comunistas), hoy parece atingir a los territorios más humildes.

 

Según lo expuesto por el profesor MARCELO RAFFIN, en su artículo “Pos dictadura y derechos humanos”, los estados que enfrentaron regímenes dictatoriales poseen serios obstáculos para romper con el orden y agentes anteriores. En el ejemplo brasileño, no hubo la transición del proceso de democratización en el área de la seguridad pública, tanto es así que el artículo 144 de la Ley Mayor, que discurre sobre la materia, dispone que aquella actividad continúa siendo desempeñada por la policía. 

 

La violencia de la policía militar es una herencia de la propia dictadura, siendo muchas veces ejercida en guetos, en la clandestinidad, haciendo parte del sistema penal subterráneo. El formato de la policía civil y militar es absolutamente autoritario. La policía busca la eliminación del “enemigo interno”, así como la “manutención del orden”, alejándose cada vez más del deseo de resguardar la integridad de las personas.

 

El actual Código Penal brasileño fue editado en 1940, durante la dictadura del Estado Nuevo, inspirado en el Código Penal italiano (fascista) también llamado Código Rocco, en homenaje al político y jurista ALFREDO ROCCO, que en el momento de la promulgación ocupaba el cargo de Ministro de Justicia.

 

La reforma do Código Penal patrio fue instituida, en 1984, con espeque en el pensamiento emocional y pasional (DURKHEIM), acompañando dos preceptos : 1) leyes más severas; y 2) encarcelamiento masivo de las “clases peligrosas”. Las políticas alternativas, defendidas por BECCARIA, – visando substancialmente la aplicación de prisión apenas para los autores de crímenes violentos, – no fueron la finalidad del proyecto.

 

Es imperioso decir que la violencia es un factor proveniente de la propia vida en sociedad. No es un resquicio cruel del pasado que será disuelto por la civilización. A pesar del exterminio masivo no estar consignado flagrantemente en la legislación, el sistema acaba funcionando alrededor de una “selectividad brutal”.

 

La estrategia de segregación impulsada por los Estados Unidos fue bien retratada por el profesor DIEGO ZYSMAN QUIRÓS, en “Sociología del Castigo” :

“... En efecto, estudios como el citado sustentaron los primeros reclamos eugenésicos de esterilización y posicionaron a los Estados Unidos como la primera nación de la época moderna que promulgó y aplicó leyes que promovían la esterilización eugenésica en nombre de la pureza de la raza. De hecho, prácticas de este carácter habían comenzado en 1899, en el Estado de Indiana, dondo se promulgó en 1907 la primera ley. En 1927 las leyes que existían en distintos Estados sobre este tema, recibieron un respaldo absoluto en Buck v. Bell, pronunciamiento por el cual, la Corte Suprema de los Estados Unidos, mediante el voto del juez progresista Oliver W., declaró la constitucionalidad de la ley de Virginia de 1924 que permitía la esterilización quirúrgica compulsiva de débiles mentales y epilépticos, para evitar la propagación de la enfermedad y de este modo asegurar la salud pública, inclusive por encima de los derechos individuales...”.

 

Observe que el pensamiento norteamericano recibió una fuerte tendencia de la criminología positivista italiana de LOMBROSO, FERRI y GARÓFALO. A principios del Siglo XX, la combinación de los ideales de defensa social a las teorías médicas de la degenerescencia, del eugenismo y del darwinismo social (acompañadas del racismo) fue fundamental para el surgimiento del derecho penal nazista (EDMUNDO MEZGER), y para la intervención del derecho penal, como instrumento de eliminación de personas consideradas indeseables.

 

Como menciona ZAFFARONI, el programa legislativo “igualitario” es rápidamente transformado en práctica de persecución al enemigo, sugiriendo sus “condiciones de posibilidad” .

 

El mal banal se refiere a aquello que ya no importa, a la vida de los otros que son señalados como minorías, por ejemplo. Lo que el nazismo intentó en ese sentido fue exterminar al otro de una relación, así como ocurrió con los pueblos nativos brasileños, y aquellos apuntados como “excluidos”, de una manera general.

 

Con un discurso muy semejante al usado por Eichmann, oficiales de la ROTA (Rondas Ostensivas Tobias de Aguiar) y del BOPE (Batallón de Operaciones Especiales), “unidades especiales” respectivamente de la Policía Militar de São Paulo y de Rio de Janeiro, intentan legitimar sus acciones violentas, bajo la alegación de actuar en cumplimiento de la ley y del orden. La ausencia de preocupación con la preservación humana es tan grande, que el símbolo do BOPE es una calavera, o sea, representando la muerte. Cada vez más frecuentes, los “Autos de Resistencia” son utilizados por policías para justificar las muertes de personas sospechosas, generalmente pobres y negros.    

 

Como bien definió ARENDT, lo “perverso” es lo que se parece a nosotros. No es difícil observar que, en nuestra sociedad de consumo, una especie de gozo que podemos llamar “perverso” con la desgracia ajena este cada vez más accesible, sea por medio de los programas de violencia propiamente dicha en periódicos y en la televisión, sea por violencias más sutiles, tales como un espectador practica al ayudar a “eliminar” a los participantes de un reality show . La propia media contribuye para la “demonización” del individuo. 

 

Las escenas de crímenes cometidos por particulares o por agentes públicos, transmitidas en horarios de alta audiencia y en canal nacional, ya no conmueven más a la población, haciéndose rutina para los espectadores. Tal razonamiento permite decir que no hay un consenso mínimo de indignación de la violencia. El pueblo vive en un estado de anestesia generalizado. Hay que se resaltar, también, que las propias víctimas asumen una condición de subhumano, porque no se ven como ciudadanos, muy en razón del miedo o represalias de agentes estatales.

 

La problemática de la superpoblación carcelaria brasileña también ejemplifica la propia “banalidad del mal”. El sistema penitenciario de Brasil es una catástrofe. El preso es aquel que sobra de una sociedad de mercado. El estado opera con la criminalización de la pobreza, no despertando cualquier reacción efectiva y práctica de la población.


 
En los últimos 15 años, Brasil ha encarcelado 7 veces más que la media mundial, sin que haya, sin embargo, un correspondiente aumento de las plazas en el sistema carcelario, el cual ya estaba superpoblado desde hace décadas. Conforme resumió SALO DE CARVALHO, el incremento absurdo de la población carcelaria puede ser explicado por inúmeros motivos. Una de las razones centrales sería la instauración de una guerra contra el tráfico de drogas, lo que endosa el ideal punitivo de los Estados Unidos. Tal batalla, de acuerdo con WACQUANT , fue apenas una disculpa para la persecución de ciertos elementos de la sociedad, clasificados como “menos útiles” y potencialmente “más peligrosos”, tales como desempleados, sin techo, vagabundos y otros marginales:

“... la superpoblación de las prisiones tiene un gran peso en el funcionamiento de los servicios correccionales y tiende a rebajar a la prisión su función bruta de ´depósito´ de indeseables...”.

 

Bajo el punto de vista de muchos penalistas, esa “función bruta” sería hoy desempeñada con excelencia en las cárceles brasileñas, cuyo propósito es maximizar los niveles de dolor intencional. En esta misma dirección apunta SALO DE CARVALHO :

“... innegable, porque, si en los países centrales la reinvención de la cárcel adquiere funciones instrumentales en la nueva lógica del capitalismo contemporáneo pos Welfare State, su revigorización adquirirá potencia en grado superlativo en los países periféricos. Al margen, como es evidente, las conquistas del Estado Social fueron un mero simulacro y, en lo que atañe  específicamente a la dimensión del derecho penal, los modelos correccionalistas fueron implantados apenas formalmente...”.

 

En los últimos 20 años el número de presos aumentó un increíble 350% . Actualmente, el país dispone de la cuarta mayor población carcelaria del mundo, por debajo, apenas de Rusia, China y Estados Unidos. Y para agravar, su tasa de ocupación (184%) es mucho mayor que la de los Estados Unidos (106%) y de Rússia (91%) .

 

Los derechos de los presos, consagrados en el artículo 5º, inciso XLIX, de la Constitución de la República, no son respetados. Infortunadamente, una parte de la población cree que los “derechos de presidiarios” corresponden a “privilegios de bandidos” . Segmentos de la sociedad también defiende a la “policía que mata”, los actos de los “justicieros”, la aplicación de la pena de muerte y las ejecuciones sumarias.

 

La calamitosa situación carcelaria causa seria violación a los límites establecidos, pues cada detenido tiene derecho a 6m2 de celda. Sin embargo, a causa de la superpoblación, caben a cada recluso inaceptables 70cm2. Apenas Haití, Filipinas, Venezuela, Kenia, Irán Paquistán presentan una tasa de ocupación mayor que la brasileña . No es por acaso que Brasil es considerado el 16º país más violento del planeta, como retrató UNODC-ONU.

 

Súmese a todo esto el hecho de que, de los 548  mil internos, alojados en 306 mil plazas, cerca del 42%, o sea, 230 mil, están recluidos provisoriamente, lo que demuestra el estado lamentable del sistema penal brasileño . Esto sin hablar de las condiciones en las cuales son ejecutadas las penas privativas de libertad. Los niveles de dolor sometidos a los presos son profundamente elevados.

 

Los conceptos desarrollados por NILS CHRISTIE, en su libro “Industria del Control del Delito: ¿La nueva forma del Holocausto?”, parecen ajustarse a la realidad del sistema penitenciario brasileño. El sociólogo noruego aseveró que la industria del control del delito, concepto dispensado a la gestión de las penitenciarías de los Estados Unidos, viene operando con métodos de exterminio, imponiendo la aflicción por quien se encuentra abandonado en el “depósito de gente”, escenario también observado en nuestro régimen penitenciario . Agregó que algunos condenados serían ejecutados, aunque la mayor parte sería liberada o fallecería en virtud de suicidio, violencia interna o de causas naturales.

 

La cuestión es tan trágica que, en reciente entrevista, JOSÉ EDUARDO CARDOZO, actual Ministro de Justicia brasileño, dijo “preferir morir” a estar preso en el sistema penitenciario brasileño. En esta ocasión, clasificó a los presidios nacionales como “medievales” y “escuelas del crimen” .

 

La “banalidad del mal” en Brasil es tan evidente que el comandante de la policía militar, responsable por la operación que provocó la muerte de 111 (ciento once) detenidos (“Masacre de Carandiru”), fue elegido por el voto popular al cargo de diputado del estado de São Paulo. Y lo más degradante, utilizando la leyenda partidaria 111, “coincidentemente” en alusión al número de muertes oriundas de la masacre.

 

Lo que se constata es que los presidios brasileños aún no son “civilizados”, siendo considerados mataderos humanos. En un nuevo episodio, más precisamente ocurrido en el “Complejo Penitenciario de Pedrinhas”, localizado en el Estado de  Marañon, una carnicería más marcó la historia carcelaria brasileña. Aunque en aquella oportunidad no fueron asesinados directamente por miembros del estado, hipótesis de la “Masacre de Carandiru”, los presos se descuartizaron, visto en canal nacional de TV, gran parte proveniente de la superpoblación. Se trata del resultado de una política criminal irresponsable que permite el exterminio del otro, como si fuese enemigo, sin que el ordenamiento destinado a la reducción de daños alcance su ponto basilar . Es una reproducción exacta del “Holocausto nuestro de cada día” , como alegó CHRISTIE. 

 

El proceso de “estigmatización” del preso es antiguo y difícil de eliminar. El periodista AURY LOPES JR.  expende sus eruditas consideraciones sobre este concepto:

“... Primero viene la exclusión (económica, social etc.), después el sistema penal selecciona y etiqueta al excluido, haciendo que este ingrese en el sistema penal. Una vez cumplida la pena, lo sueltan, peor de lo que estaba cuando entró. Suelto, más estigmatizado, vuelve a las mallas del sistema, para mantenerlo vivo, pues el sistema penal precisa este alimento para existir. Es un ciclo vicioso, que sólo aumenta la exclusión social y mantiene la impunidad de los no excluidos (pero no menos delincuente...”.

 

Consonante disertó LUIZ FLÁVIO GOMES , en su obra “Populismo penal mediático”, la política de encarcelamiento masivo fue instigada por la “fascista criminología populista-mediática-vengativa”, fuente inspiradora de la burguesía dominante legislativa, responsable por el proceso de criminalización primaria. Respecto a este asunto, ZAFFARONI  criticó el fetiche normativo que involucra al sistema penal brasileño. Programas “periodísticos-policíacos” predican con la legitimación de la pena de muerte y la imposición de sanciones más severas a los criminosos.

 


III – CONCLUSIÓN

 

Aunque la expresión “banalidad del mal” haya ganado notoriedad con HANNAH ARENDT, su práctica en el mundo ya era bastante conocida, mucho antes de las obras de la renombrada filósofa.

 

Todos los regímenes políticos o económicos, que de modo sutil calculan sobre la vida de las personas, sobre todo las más excluidas, como en general los gobiernos devotos del capitalismo que prácticamente programan la muerte de los más débiles, son en diversas medidas comparables (no igualables) al nazismo.

 

El miedo impuesto por los estados a los ciudadanos fue un combustible colosal para la intolerancia, especialmente para la consolidación del poder. Después de que la violencia dejase de poseer carácter institucional, agentes del estado pasaron a adoptarla mediante el “sistema penal subterráneo” (ZAFFARONI), ejecutando, a veces, sumariamente al “enemigo”. Por tal motivo, la sociedad en su conjunto, debe estar atenta y protestar contra los actos deshumanos, llevando estos hechos al conocimiento de órganos nacionales e incluso a internacionales. El mal no puede dejar de sensibilizar a cualquier ser humano. Su banalización no debe ser tolerada, aunque la propia prensa vaya “incitando” a tal comportamiento.   

 

Las personas no pueden actuar como simple “burócratas”, tal como ocurría con Eichmann, que recibía órdenes e que ponía en funcionamiento la “máquina” del sistema, sin la capacidad de discernir, apenas acompañando las “tendencias dominantes”. A los estados les interesa la “producción social de la ignorancia” . Solamente por intermedio de un proyecto educativo en un país como Brasil es posible superar las deficiencias política, ético-política y cultural.

 

Es necesario que la población colabore, contribuyendo para que los “marginalizados” puedan tener la oportunidad de “socialización”. El momento actual requiere una especial atención, en la medida en que las personas en la calle están haciendo justicia por cuenta propia, como vemos en los casos reiterados de linchamientos de infractores, en las calles de Buenos Aires y de Rio de Janeiro. 

 

Una cosa es cierta: la “cuestión social” no debe ser resuelta por fuerza policial. Es inadmisible que el derecho penal sea convocado para curar los males sociales.

 

Ocurre que los países de América Latina, simpatizantes de los regímenes nazifascistas, presentan sensibles dificultades para remover de sus entrañas ciertos preceptos y prácticas autoritarias. En el caso de Brasil, solamente fueron realizadas manifestaciones favorables a la desmilitarización de la policía, aunque mucho tiempo después del fin de su gobierno totalitario. Aún así hay tiempo para cambios profundos, siempre y cuando la población salga de su inercia, pugnando por reformas básicas, indispensables a su concienciación.   

 

 

IV – BIBLIOGRAFÍA

 

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Advogado Leonardo Mendonça.

 

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